De Todo Bastante

Compartir mis impresiones sobre lo que pasa a mi alrededor.Si alguna vez logro instalar una sonrisa, una emoción o contribuyo a sembrar o cosechar una idea, sentiré que este espacio se carga de sentido. Este blog no tiene posición política partidaria, al igual que su autor. Por lo tanto, se publicarán textos con cualquier orientación al respecto, siempre y cuando los considere de interés para compartir.

Nombre: JTONIG
Ubicación: Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Jorge A. Jaurena Nacimiento: 23/11/1949 en Buenos Aires, Argentina.

31.12.06

Regalo de Navidad

Había trabajado mucho durante ese año que estaba a punto de finalizar. Un breve descanso a orillas del mar en los primeros días de diciembre no habían bastado –no obstante haber resultado muy placentero- para borrar del todo el cansancio de un año tan intenso en tareas mayormente poco estimulantes. Solamente el trabajo intelectual realizado me llenaba de satisfacción, seguramente porque tenía bastante desatendido ese costado desde hacía bastante tiempo. Empecé a pensar en gratificarme haciéndome un regalo de navidad. Tenía que ser un objeto original, extraordinario, diferente de los que compraba habitualmente: libros o ropa (solo en caso de necesitarla). Me decidí por una cámara digital para fotografías. Siempre me atrajeron esos aparatos pequeños, que no obstante su tamaño me transmitían una sensación de solidez, con su piel de acero inoxidable y su pequeña ventana de cristal en medio.Fui a una casa de electrodomésticos de las más grandes y conocidas, donde había posibilidad de adquirirla al mismo precio de contado, en doce cuotas tarjeta de crédito mediante. Cuando entré al local, un vendedor con la dosis exacta de gentileza y simpatía necesarias para no resultar empalagoso ni hostil, me preguntó que deseaba. Le respondí aclarándole –además- que no tenía la menor idea de las diferentes ventajas comparativa de unas marcas o modelos sobre otros. Carlos –el nombre figuraba en un cartelito de plástico prendido en el bolsillo superior del saco- me comentó que la Nonca Ilutions X-360 era lo último en tecnología de imagen digital. Esta joyita tiene dos dispositivos extra con los cuales puede elegir la edad y el peso corporal relativo con el que se desea aparecer en las fotos -dijo Carlos con el tono de un guía de la NASA- mientras me mostraba dos rueditas con números impresos alrededor; una tenía números de 1 a 50, y la otra de 4 a 68. Le pregunté si el manejo de la cámara era muy complicado, a lo que respondió que no, para nada, vaya probando, total usted saca la foto, la mira en el acto y si no le gusta la elimina y saca otra; eso es lo que tienen de bueno estas cámaras. Decidí comprar esa y divertirme con mi familia y mis amigos sacándonos fotos disparatadas. La noche buena me dediqué a sacar fotos a diestra y siniestra, y por el pudor propio del principiante maduro a quien el prejuicio supone en guerra con la tecnología, me conduje con aires de fotógrafo experto prometiendo a diestra y siniestra CD’s con las fotos familiares. A menudo se me ocurre imaginar un auditorio perplejo y admirado ante una situación que me tiene como protagonista y que, llegado el momento, se conduce con la indiferencia del testigo casual de acontecimientos cotidianos. Ni mis sobrinos -los jóvenes de la familia- ni mis sobrinas nietas demostraron otro interés por mi papel de cronista que el de fingir la mejor cara de algarabía que pudieron conseguir para las fotos. Fue así que tomé fotos de todo y de todos, registrando prácticamente todos los sucesos de la Noche Buena. Tengo por costumbre compartir únicamente la Noche Buena y la Noche Vieja con mi familia y con amigos. Los días de Navidad y Año Nuevo prefiero pasarlos en mi casa, lejos de las comidas y bebidas propias de los festejos, para evitar seguir comiendo y bebiendo en exceso y yendo a trabajar al día siguiente en estado casi de resaca digestiva. El veinticinco de diciembre, luego de levantarme y prepararme un café, prendí la computadora y conecté la cámara de fotos con la intención de verlas, seleccionar las mejores y grabarlas en CD`s para entregarlos a mi familia.

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Nunca me había sentido invadido por el estupor hasta tal punto. En todas las fotos aparecíamos mi hermana, su esposo y yo, jóvenes, esbeltos y con el cutis terso de los veinte y pico. Solamente la expresión y el brillo de nuestras miradas en las fotografías eran las de personas que han visto mucho. Demasiado para jóvenes de esa edad. Un niño de no más de cinco años, de pie junto a la parrilla humeante, sostenía un tenedor de mango ridículamente largo que atravesaba un enorme trozo de carne asada. Otro niño de edad similar, sentado a mi izquierda, sonreía pícaro con una copa de vino tinto en la mano. Dos niñas sostenían sonrientes sendas fuentes colmadas de ensaladas con evidente intención de apoyarlas sobre la mesa. Otro niño, sentado a mi derecha, me miraba con expresión de ternura y me sonreía. Cerré fuertemente los ojos y dejé caer sobre mi regazo las manos que sostenían la cámara. Volvía a mirar la pequeña pantalla de cristal con la sospecha de que la imagen fuera la que había esperado ver, pero todo seguía allí, tal como lo he descrito. Entonces comencé a dar vueltas a la cámara en mis manos y descubrí que ambas rueditas con números estampados a su alrededor, estaban en posición –30 y sonreí. Comencé a borrar las fotos de la memoria de la cámara hasta no dejar ninguna. Esas fotografías me mostraban y me negaban, lo mismo que a las personas que permanecían junto a mi después de estos treinta años. Ninguno de nosotros era ya lo que esas imágenes mostraban.

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Sonó el teléfono. Era mi hermana queriendo saber sobre las fotos y recordándome la promesa de entregar a cada uno un CD con las imágenes.

Salieron todas mal –le respondí- evidentemente tendré que estudiar el manual con más atención para la noche de fin de año. Me reí. Todos los que me conocen saben que soy apresurado e impaciente. Me cuesta hacer el camino, solo me interesa estar. Seguro que no sospecharán.

Tomé la cámara y busqué las dos rueditas con números estampados alrededor y las moví a la posición “off”. ¡Tenía tantas ganas de tener fotos de mi en compañía de los que amo!

Jorge A. Jaurena Diciembre de 2006